martes, 24 de junio de 2014

Arte urbano: Mural del Campus Municipal de Colonia del Sacramento, Uruguay.

Hola amigos! Hoy les comparto un poco de arte urbano de la amigable ciudad de Colonia del Sacramento, Uruguay. En reiteradas oportunidades, recorrí -camino a las playitas- aquel descolorido muro que bordeaba el Campus Municipal (sobre la Rambla de las Américas); pero en diciembre de 2013, esta rambla cambió radicalmente y estrenó enorme mural realizado por ocho artistas colonienses: Bernardo Cardarelli, Jorge Carbajal, Carlos Duarte, Potoka Gómez, Fernando Fraga, Chino Benítez, Diego Bianki y Daniel Barbeito. La pared de 200 metros fue pintada por estos excelentes artistas, dentro de los festejos de "Colonia, Patrimonio cultural de la humanidad" y en adhesión a la Declaración Internacional de los Derechos Humanos que se celebra el 10 de diciembre. Si andan por esa preciosa ciudad, no dejen de visitar estos murales porque realmente son de un color y belleza extraordinarios. A disfrutarlos! (sí, la foto de perfil me la saqué ahí! Ja!)


Mis fotos del Mural:

Potoka Daniela Gómez

Daniel Barbeito
Daniel Arteta

Potoka Daniela Gomez

Daniel Barbeito
Daniel Barbeito
Jorge Carbajal

Daniel Arteta

Jorge Carbajal


Cortesía de otros fotógrafos

Fernando Fraga

Fernando Fraga




Bernardo Cardarelli

Bernardo Cardarelli

Bernardo Cardarelli

Bernardo Cardarelli

Bernardo Cardarelli


Daniel Chino Fernandez


Jorge Carbajal

Daniel Barbeito


Los artistas en acción..







Diego Bianchi





¡Dejen sus comentarios que son muy bienvenidos!(Importante: insistan con el click en la barra de publicar un comentario hasta que aparezca en amarillo esto:Your comment will be visible after approval.Gracias!!!! ) Gilberta:)

jueves, 29 de mayo de 2014

ENTE, publicación de Morelos, México / Gilberta Anatonia Caron

Queridos amigos: el número 004 de la revista ENTE (publicación bimestral) de Morelos (México) en su edición de mayo/junio contiene dos de mis poemas musicales: "En las calles" y "Ando descalza". Los acompañan con pinturas de Ricardo Cruz Fuentes y un bello diseño. Le agradezco a su directora Elisa Arrieta y a su equipo esta invitación, y les paso acá el vínculo para que puedan leer los poemitas y ver el material que contiene la publicación. Gracias!! Que los disfruten!



viernes, 25 de octubre de 2013

Participación en producciones musicales / Gilberta Anatonia Caron

Hola! Algunos videos de producciones musicales en las que participé, un beso!



Hola! Luego de las 77 funciones del Teatro Gran Rex (superando los 250.000 espectadores) el espectáculo VIOLETTA EN VIVO arrancó su gira por el interior de nuestro país, tocando en las ciudades de Santa Fé, Rosario, Córdoba, Mendoza y Neuquén. Luego comenzó su gira en el exterior, realizando shows en Brasil, Paraguay, Perú, Uruguay, Chile, México, Guatemala y Venezuela. Seguidamente continuó con su gira por Europa, presentándose en las ciudades de Barcelona, Bilbao, Madrid, Sevilla, Valencia, Málaga, Milán, Bologna, Roma, París, Nápoles, Catania, Padua, Florencia y Turín. El cierre de la Gira Mundial Violetta en Concierto se realizó durante 10 funciones en el Estadio Luna Park en febrero y marzo de 2014. Este tema (en el que participo como autora) se llama "Ahí estaré" (Marcelo Wengrovski / Gilberta Anatonia Caron) Espero que les guste! Beso!

  


Ahí estaré / "Cuando toca la campana" 
(Walt Disney Records, 2011)
Marcelo Wengrovski, Gilberta Anatonia Caron
(Este video tiene más de un millón novecientas mil vistas!)
 


Ahí estaré / "Violetta"
("Cantar es lo que soy", Walt Disney Records, 2012)
Marcelo Wengrovski, Gilberta Anatonia Caron
(Este video ya superó el medio millón de vistas!)




"Violetta en vivo" Teatro Gran Rex
(Walt Disney Records, "VIOLETTA EN VIVO", 2013)
Marcelo Wengrovski, Gilberta Anatonia Caron
(El espectáculo "Violetta en vivo" lo vieron 250.000 espectadores a lo largo de 77 funciones)



mi cuaderno:)


Ángel guardián / "Cuando toca la campana" 
(Walt Disney Records, 2011)
Marcelo Wengrovski, Gilberta Anatonia Caron




No quiero ser uno más/ "Cuando toca la campana" 
(Walt Disney Records, 2011)
Marcelo Wengrovski, Gilberta Anatonia Caron

  

Será que eres tú / Cuando toca la campana
(Walt Disney Records, 2011)
Kevin Quinn y Andy Petersen / Versión en español: Gilberta Anatonia Caron
(Este video tiene más de un millón setescientas mil vistas!)




Sigamos andando / Emanuel Ortega "Esta noche"
(BMV Producciones, 2012)
Música Original de Bee Gees, Versión en español de Emanuel Ortega / Gilberta Anatonia Caron



Sigamos andando

Cuando te encontré tuve la sensación 
De que me arrastrabas en tu dirección
Y eso me gustó, algo bueno me llamó.

Todo tan fluido, tan irracional
El lenguaje sólo corporal
Y no quiero entender, lo que diga está de más...
Lo que es natural, no requiere algún esfuerzo
Brillo sideral que no abreve el tiempo
Sigamos andando aha
Sin pensarlo dos veces aha

Una sola voz, un solo lugar
Una sensación de inmortalidad
Quiero concluir el viaje ideal
Y recostarme en tus manos aha
No hay futuro y no hay pasado aha..

Lenta ceremonia que codicia el sol
Algo que desnuda cada percepción
Y la noche que está fuerte en cada veta de mi pasión

Luces imborrable como una ciudad
Resbalo en tus ojos y no busco más 
que dejarme llevar, esquivando muros de soledad

No quiero pensar si algún yo me pierdo
Reniega de mis pies el desencuentro
Sigamos andando, aha
Sin pensar demasiado, aha

Una sola voz
un solo lugar
Una sensación de inmortalidad
Quiero concluir el viaje ideal
Y recostarme en tus manos aha..
No hay futuro y no hay pasado

Una sola voz
un solo lugar
Una sensación de inmortalidad
Quiero concluir el viaje ideal
Y recostarme en tus manos...
No hay futuro y no hay pasado

Una sola voz, un solo lugar
Una sensación de inmortalidad
Quiero concluir el viaje ideal
Y recostarme en tus manos, aha
No hay futuro y no hay pasado, aha

¡Dejen sus comentarios que son muy bienvenidos!(Importante: insistan con el click en la barra de publicar un comentario hasta que aparezca en amarillo esto:Your comment will be visible after approval.Gracias!!!! ) Gilberta:)

sábado, 28 de septiembre de 2013

Metrópolis literaria / Gilberta Caron

LAS CIUDADES Y LOS ESCRITORES: Metrópolis literaria

Paul Auster: Nueva York "Nueva York era un espacio inagotable, un laberinto de in­terminables pasos, y por muy lejos que fuera, por muy bien que llegase a conocer sus barrios y calles, siempre le dejaba la sensación de estar perdido. Perdido no sólo en la ciudad, sino también dentro de sí mismo... Mientras vagaba sin propósito, todos los lugares se volvían iguales y daba igual dónde estu­viese. En sus mejores paseos conseguía sentir que no estaba en ningún sitio. Y esto, en última instancia, era lo único que pe­día a las cosas: no estar en ningún sitio. Nueva York era el nin­gún sitio que había construido a su alrededor y se daba cuenta de que no tenía la menor intención de dejarlo nunca más." (Trilogía de Nueva York)
"Llegó a la estación Grand Central con mucha anticipación. La llegada del tren de Stillman estaba prevista a las 6.41, pe­ro Quinn quería tener tiempo para estudiar la geografía del lu­gar, para asegurarse de que Stillman no podría escapársele. Cuando salió del metro y entró en el gran vestíbulo vio en el reloj de la estación que eran las cuatro. La estación ya había empezado a llenarse del gentío de la hora punta. Abriéndose paso a través de los cuerpos que venían en dirección contraria, Quinn recorrió las puertas numeradas, buscando escaleras ocultas, salidas no señalizadas, recovecos oscuros... Vagó por la estación como si estuviera dentro del cuerpo de Paul Auster, esperando a que apareciese Stillman. Levantó la cabeza para mirar la cúpula del gran vestíbulo y estudió el fresco de las constelaciones. Había bombillas representando las estrellas y dibujos de las figuras celestes. Quinn nunca ha­bía podido comprender la relación entre las constelaciones y sus nombres. Cuando era niño había pasado muchas horas bajo el cielo nocturno tratando de hacer concordar los grupos de minúsculas luces con las formas de osos, toros, arqueros y aguadores. Pero nunca lo conseguía y se sentía estúpido, como si hubiera un punto ciego en el centro de su cerebro... Al otro lado, ocupando la mayor parte de la pared oriental de la estación, estaba la fotografía de Kodak, con sus brillantes y fantásticos colores. La escena del mes mostraba una calle de un pueblo pesquero de Nueva Inglaterra, quizá Nantucket. Una hermosa luz primaveral brillaba sobre el empedrado, en las jardineras de las ventanas había flores de muchos colores y a lo lejos, al final de la calle, estaba el mar, con sus olas blan­cas y su agua muy azul... Volvió de nuevo su atención a la fotografía y se sintió aliviado al descubrir que sus pensamientos se desviaban al tema de las ballenas, las expediciones que habían partido de Nantucket en el siglo pasado, Melville y las prime­ras páginas de Moby Dick. Desde allí su mente pasó a los relatos que había leído sobre los últimos años de Melville, el viejo taciturno que trabajaba en la aduana de Nueva York, sin lecto­res, olvidado de todos."(Trilogía de Nueva York)



 Lawrence Durrell: 
Alejandría "Otra vez hay mar gruesa, y el viento sopla en ráfagas excitantes: en pleno invierno se sienten ya los anticipos de la primavera. Un cielo nacarado, caliente y límpido hasta mediodía, grillos en los rincones umbrosos, y ahora el viento penetrando en los grandes plátanos, escudriñándolos...
En esencia, ¿qué es esa ciudad, la nuestra? ¿Qué resume la palabra Alejandría? Evoco en seguida innumerables calles donde se arremolina el polvo. Hoy es de las moscas y los mendigos, y entre ambas especies de todos aquellos que lle­van una existencia vicaria. (El cuarteto de Alejandría)

"Cinco razas, cinco lenguas, una docena de religiones; el reflejo de cinco flotas en el agua grasienta, más allá de la escollera. Pero hay más de cinco sexos y sólo el griego del pueblo parece capaz de distinguirlos. La mercadería sexual al alcance de la mano es desconcertante por su variedad y profusión. Es imposible confundir a Alejandría con un lugar placentero. Los amantes simbólicos del mundo helénico son sustituidos por algo distinto, algo sutilmente andrógino, vuelto sobre sí mismo. Oriente no puede disfrutar de la dulce anar­quía del cuerpo, porque ha ido más allá del cuerpo. Nessim dijo una vez, recuerdo -y creo que lo había leído en alguna parte- que Alejandría es el más grande lagar del amor; escapan de él los enfermos, los solitarios, los profetas, es de­cir, todos los que han sido profundamente heridos en su sexo." (Justine)

"Notas para un paisaje... largas modulaciones de color. Luz que se filtra a través de la esencia de los limones. Polvo de ladrillo suspendido en el aire fragante, y el olor del pa vimento caliente recién regado. Nubes livianas, al ras del suelo, que sin embargo rara vez traen lluvia. Sobre ese fondo se proyectan rojos y verdes polvorientos, malva pastel y un carmesí profundo y diluido. En verano la humedad del mar da una leve pátina al aire. Todo parece cubierto por un manto de goma.Y luego, en otoño, el aire seco y vibrante, cargado de áspera electricidad estática, que inflama el cuerpo bajo la ropa liviana. La carne despierta, siente los barrotes de su prisión. De noche una prostituta borracha camina por una calle oscura, sembrando los fragmentos de una canción como si fueran pétalos. ¿Fue allí donde escuchó Antonio los acor­des arrobadores de esa música sublime que lo impulsó a entregarse para siempre a la ciudad que amaba?" (Justine)

"En la gran calma de estas tardes de invierno hay un reloj: el mar. Su palpitación confusa que se prolonga en la mente es la fuga sobre la cual se compone este relato. Vacías cadencias de las olas que lamen sus propias heridas, hoscas en las bocas del delta, bullentes en las playas desiertas, va­cías, eternamente vacías bajo el vuelo de las gaviotas: gara­batos blancos sobre el gris, masticados por las nubes. Si una vela se acerca hasta aquí, muere antes de que la tierra la cubra con su sombra. ¡Despojos barridos hasta los frontones de las islas, último vestigio carcomido por la intemperie, plan­tado en la vejiga azul del agua... desaparecido!" (Justine)

"Antes de salir el sol, el cielo del desier­to se tornaba de un marrón de arpillera, se iba oscureciendo lentamente, hinchándose como una magulladura, y dejando asomar por fin los relieves de las nubes, gigantescas octavas de color ocre que se apilaban sobre el delta como capas de ceniza al pie de un volcán. La ciudad se repliega en sí misma como si esperara la llegada de un huracán. Unas pocas ráfagas de viento, y una lluvia agria son los heraldos de la oscuridad que borra toda luz en el cielo. Y ahora, invisible en la tinie­bla de las habitaciones cerradas, la arena empieza su invasión, aparece como por arte de magia entre las ropas cuidadosa­mente guardadas, entre los libros, sobre los cuadros y las cu­charillas de té. Se mete en la cerradura, debajo de las uñas. El aire áspero solloza, reseca las mucosas de la garganta y la nariz, inyecta los ojos como en el comienzo de la conjuntivitis. Nubes de sangre seca recorren las calles como profecías; la arena se posa en el mar como los polvos en los rizos de una vieja peluca. Las estilográficas se tapan, los labios se agrietan., en las tablillas de las persianas se depositan finas películas blancas, como nieve reciente..." (Justine)



John Kennedy Toole: 
Nueva Orleans

"Aunque resido en las riberas del río Mississippi(Río famoso gracias a versos y canciones atroces, el motivo que más predomina es el que intenta convertir el río en una imagen paterna sustituída. En realidad, el río Mississippi es una masa de agua siniestra y traicionera cuyos remolinos y corrientes se llevan anualmente muchas vidas. No he conocido a nadie que se hubiera aventurado a introducir siquiera la punta del pie en sus asquerosas aguas contaminadas, en las que bullen heces, residuos industriales y mortíferos insecticidas. Hasta los peces se están muriendo. En consecuencia, el Mississippi como Padre-Dios-Moisés-Papi-Falo-Pa es un símbolo totalmente falso, creado, imagino, por el funesto farsante llamado Mark Twain. Esta incapacidad de establecer contacto con la realidad, es, sin embargo, característica de casi todo el «arte» de Norteamérica. Cualquier relación entre el arte norteamericano y el marco geográfico norteamericano es pura coincidencia; pero esto se debe sólo a que la nación como conjunto no tiene contacto alguno con la realidad. Esta es sólo una de las razones por las que siempre me he visto forzado a vivir en los márgenes de nuestra sociedad, consignado en el Limbo reservado a los que conocen la realidad cuando la ven), nunca he visto crecer el algodón y no tengo el menor deseo de verlo. La única excursión que hice en toda mi vida fuera de Nueva Orleans, me arrastró a través del vértigo hasta el remolino de la desesperación: Baton Rouge. En alguna futura entrega, una narración retrospectiva, quizá relate aquel peregrinaje a través de los pantanos, una jornada por el desierto de la que volví destrozado física, mental y espiritualmente. Nueva Orleans es, por otra parte, una metrópolis cómoda, en la que reina cierta apatía y cierto estancamiento que considero inofensivos."(La conjura de los necios)

"Siempre he sentido, en cierto modo, una especie de afinidad con la gente de color, porque su situación es igual a la mía: nos hallamos fuera del círculo de la sociedad norteamericana. Mi exilio es voluntario, por supuesto. Es evidente, sin embargo, que muchos negros desean convertirse en miembros activos de la clase media norteamericana. La verdad es que no puedo entender por qué. He de admitir que este deseo suyo me lleva a poner en entredicho sus juicios de valor. Pero si quieren integrarse en la burguesía, no es asunto mío, en realidad. Pueden ratificar si quieren su propia condenación. Yo, personalmente, protestaría con todas mis fuerzas si sospechase que alguien intentaba auparme a la clase media. Lucharía contra el individuo descarriado que intentase auparme, desde luego. La lucha tomaría la forma de manifestaciones de protesta con los carteles y pancartas tradicionales, que, en este caso, dirían: «Muera la clase media», «Abajo la clase media». No me importaría tampoco lanzar uno o dos cócteles molotov..." (La conjura de los necios)
"Admiro el terror que son capaces de inspirar los negros en los corazones de algunos miembros del proletariado blanco y sólo desearía (ésta es una confesión muy personal) poseer la misma capacidad de aterrar. El que es negro aterra simplemente por serlo; yo, sin embargo, tengo que esforzarme un poco para lograr el mismo fin. Quizá debería haber sido negro. Sospecho que habría sido un negro muy grande y muy aterrador, un negro que apretase continuamente su muslo monumental contra los muslos marchitos de las viejecitas blancas en los transportes públicos y provocase más de un grito de pánico. Además, si fuera negro, mi madre no me presionaría para que encontrara un trabajo bueno, pues no habría ningún trabajo bueno a mi disposición. Y además mi madre, una vieja negra agotada, estaría demasiado abatida por años de duro trabajo como doméstica para salir a jugar a los bolos de noche. Ella y yo viviríamos muy agradablemente en alguna choza mohosa de los suburbios, en un estado de paz sin ambiciones, comprendiendo satisfechos que no se nos quería, y que luchar y esforzarse no tenía sentido." (La conjura de los necios)
"Mattie's Ramble Inn estaba en una esquina del sector Carrollton de la ciudad donde, tras haber corrido en paralelo seis o siete millas, la Avenida St. Charles y el río Mississippi se encuentran y termina la avenida. Allí se forma un ángulo, la avenida y sus vías de tranvía a un lado, el río y el muelle y las vías del ferrocarril al otro. Dentro de este ángulo hay un pequeño barrio separado. Impregna el ambiente el aroma intenso y empalagoso de la destilería de alcohol del río, un olor que se hace sofocante las tardes de verano cuando sopla la brisa del río. El barrio creció al azar hace más o menos un siglo, y hoy apenas si parece urbano. Cuando las calles de la ciudad cruzan la Avenida St. Charles y entran en este barrio, cambian gradualmente del asfalto a la grava. Es un antiguo pueblo rural que tiene incluso algunos pajares, un pueblo alienado y microcósmico dentro de una gran ciudad." (La conjura de los necios)

"A juzgar por los clientes que he tenido este primer día en la nueva ruta, los «turistas» parecen ser los mismos viejos vagabundos a quienes vendía en el barrio comercial. En un estupor provocado por el vino infecto, han ido bajando sin duda al Barrio Francés y así, para la mente senil de Clyde, quedan clasificados como «turistas». Me pregunto si Clyde habrá tenido siquiera una oportunidad de ver a los fracasados, a los vagabundos andrajosos que compran los productos Paraíso y, al parecer, subsisten a base de ellos. Entre los otros vendedores (itinerantes achacosos y enfermos, que se llaman más o menos Camarada, Viejo, Tío, Campeón y As) -y mis clientes, estoy, al parecer, atrapado en un limbo de almas perdidas. Sin embargo, el simple hecho de que hayan alcanzado estrepitosos fracasos en nuestro siglo, les da una cierta calidad espiritual. En realidad, pueden ser (esas andrajosas ruinas) los santos de nuestra época: Viejos negros maravillosamente machacados de tostados ojos; vagabundos tronados venidos de los páramos de Texas y de Oklahoma; campesinos arruinados que buscan refugio en pensiones urbanas infestadas de roedores." (La conjura de los necios)

"Crucé al fin la Calle Canal fingiendo ignorar la atención que me prestaban todos los que se cruzaban conmigo. Entré en las estrechas callejuelas del Barrio Francés. Un vagabundo solicitó una salchicha. Le alejé con un gesto y continué. Mis pies no podían, por desgracia, mantenerse a ritmo con mi espíritu. Bajo los tobillos, los tejidos gritaban pidiendo descanso, así que arrimé el carro al bordillo y me senté. Los balcones de las viejas casas colgaban sobre mi cabeza como ramas oscuras en un alegórico bosque de maldad. Simbólicamente, pasó ante mí tonante un autobús Desire, cuyo tubo de escape diesel casi me asfixia. Cerrando un instante los ojos para meditar y reunir fuerzas, debí quedarme dormido, pues recuerdo que me despertó con rudeza un policía que estaba de pie ante mí, tocándome en el costado con la punta del zapato. Mi organismo debe segregar algún olor que les resulta especialmente atractivo a las autoridades gubernativas. ¿Quién si no se vería acosado por un policía mientras esperaba inocente a su madre delante de unos almacenes? (La conjura de los necios)



Haruki Murakami: Tokio

"El domingo a la mañana no se veía un alma por aquel barrio de estudiantes, desierto y con la mayoría de tiendas cerradas. Los ruidos de la ciudad resonaban con una claridad inusitada. Una chica que calzaba unos zuecos cruzó la calle con un repiqueteo de madera sobre el asfalto; junto a la cochera del tranvía unos cuatro o cinco niños tiraban piedras a unas latas alineadas. Había una floristería abierta donde compré unos narcisos. Era un poco extraño comprar narcisos en otoño, pero a mí siempre me han gustado los narcisos...Había solo tres ancianas en el tranvía. Cuando subí las tres me miraron de arriba abajo y luego miraron las flores que llevaba en la mano...me senté en el último asiento y contemplé los viejos edificios que iban sucediéndose unos tras otro, a ras de la ventanilla. El tranvía casi rozaba los edificios al pasar. En el tendedero de una casa vi diez macetas de tomates y, a su lado, un gato negro y grande dormitando al sol. Más allá, un niño hacía pompas de jabón. Se oía una canción de Ayumi Ishida. Incluso podía olerse el curry. El tranvía se abría paso entre la intimidad de las callejuelas..."(Tokio Blues)

"Me bajé en la estación de Otsuka...caminé por una avenida poco concurrida. Los comercios situados a ambos lados no parecían muy prósperos y los interiores se adivinaban oscuros. Los letreros estaban medio borrados. A juzgar por la antigüedad y el estilo de los edificios, aquella zona no había sido bombardeada durante la guerra. Y la hilera de casas había quedado tal como estaba. La atmósfera del barrio hacía suponer que la mayoría de la gente, harta de la contaminación, del ruido y de los alquileres altos, se había mudado a los suburbios, y que solo quedaban los apartamentos baratos, las viviendas cedidas por la compañía, las tiendas de difícil traslado y algunas personas tercas que se aferraban al lugar donde habían vivido siempre. El humo de los tubos de escape de los coches lo cubría todo de una pátina de suciedad, como si fuera una bruma". (Tokio Blues)

"Una bandada de cuervos se acercó por el oeste y sobrevoló los grandes almacenes Odakyu. Ya era de día... El autobús arrancó y enfiló hacia el norte por el interir de la ciudad, siguiendo el curso del río Kamo. Conforme avanzaba hacia el norte, menudeaban los campos de cultivo y los descampados entre las hileras de casa. Las tejas negras de los tejados y los plásticos de los invernaderos refulgían balo el sol de principios de otoño. Poco después el autobús se adentró en las montañas. El camino era tortuoso y el conductor hacía girar sin descanso el volante a la derecha e izquierda. Yo empecé a sentirme mareado. Aún tenía el sabor del café de la mañana en la boca del estómago. En éstas las curvas de hicieron menos frecuentes, y en el momento en que yo lanzaba un suspiro de alivio, el autobús penetró en un gélido bosque de cedros. Los árboles se erguían tan altos como en uan selva virgen, impidiendo el paso de los rayos de sol al tiempo que lo cubrían todo de sombras. El viento que entraba por las ventanillas se enfrío de repente y la piel se me humedeció...la misma escena se repitió una y otra vez. El autobús cruzaba un bosque de cedros, entraba en un pueblo, lo atravesaba y volvía a dentrarse en un bosque de cedros..." (Tokio Blues)



Hunter Thompson: 
San Juan de Puerto Rico

"El aeropuerto de San Juan es un edificio agradable y moderno, lleno de colores vivos, de personas bronceadas y de ritmos latinos ensordecedores que brotan de altoparlantes colgados de las vigas sobre el lobby...Afuera la pista brillaba con el sol tempranero. Más allá, una densa jungla de palmeras se interponía entre el océano y yo. Varias millas mar adentro, un velero se desplazaba con lentitud por el horizonte. Me quedé mirándolo durante un momento y caí como en trance. Allá afuera todo parecía tranquilo, pacífico y caluroso. Desee acercarme a las palmeras y dormir, comer unos trozos de ananá y deambular por la jungla para morir allí". (Días de ron)

"Estaba oscureciendo y la gran avenida parecía fresca y llena de gracia.Del otro lado había casas que alguna vez daban a la playa y que ahora, por culpa de los hoteles, se habían escondido detrás de paredes y cercos altos que los separaban de la calle. Aquí y allá alcancé a ver un patio o un porche cerrado con tela de mosquiteros en los que había personas que bebían ron debajo de ventiladores de techo..." (Días de ron)

"A un lado estaba el Atlántico oscuro y, del otro lado, más allá de la estrecha ciudad, había miles de luces de colores de los barcos crucero amarrados en el puerto...la plaza Colón era el eje de varias calles angostas. Los edificios estaban apilados unos contra otros, eran de tres y cuatro pisos, con balcones que colgaban hacia la calle. Hacía calor y la leve brisa traía consigo olor a sudor y a basura. Un murmullo de voces y de música brotaba de las ventanas abiertas las veredas eran tan angostas que representaba un esfuerzo no meter los pies en la zanja, y los vendedores de fruta bloqueaban la calle con sus carros de madera y vendían naranjas peladas por cinco centavos cada una." (Días de ron)

"La noche estaba calurosa y el muelle estaba lleno de ratas. A varias cuadras de allí se encontraba amarrado un enorme crucero. Miles de luces brillaban en cubierta y del interior brotaba música. Al pie de la planchada había un grupo compuesto al parecer por hombres de negocios norteamericanos y sus esposas. Pasé al otro lado de la calle pero el aire estaba tan inmóvil que podía oírlos con toda claridad. Voces felices y algo tensas de alguna parte del centro de los Estados Unidos, algún pueblito chato en el que pasaban cincuenta semanas todos los años. Me detuve y me puse a escuchar, de pie a la sombra de un viejo depósito y sintiéndome un apátrida. Ellos no podían verme y los observé durante varios minutos mientras oía esas voces de Illinois o Missouri o Kansas que conocía demasiado bien. Entonces seguí mi camino todavía en las sombras al doblar para ascender la colina hacia la calle O’Leary".(Días de ron)

"Manejé todo el tiempo en baja velocidad, con el mar a mi izquierda, un gran pantano a mi derecha, a lo largo de miles de palmeras cocoteras... Pasé frente a chozas de madera llenas de nativos silenciosos y mirones, tuve que hacer virajes para no pisar pollos ni chocar contra vacas en el camino, pasé sobre cangrejos de tierra, puse primera velocidad al atravesar charcos de agua estancada, me sacudí y salté en huellas y baches y por primera vez desde que salí de Nueva York sentí que realmente estaba en el Caribe... Los primeros rayos del sol pintaron las palmeras de color verde dorado. Un resplandor veía de las dunas y me hizo entrecerrar los ojos mientras avanzaba por la huella. Del pantano se elevaba una niebla gris y frente a las chozas había mujeres negras que colgaban ropa lavada en cercas de tablillas..." (Días de ron)

"Allí estaba yo, viviendo en un hotel de lujo, recorriendo una ciudad semilatina en un auto de juguete que parecía una cucaracha y emitía el sonido de un jet de caza, buscando comida en aguas infestadas de tiburones, acusado por gentuza que vociferaba en idioma extranjero...y todo esto sucedía en la pintoresca Puerto Rico española, donde todo el mundo gastaba dólares norteamericanos, conducía automóviles norteamericanos, y se sentaba alrededor de las ruletas del casino simulando estar en Casablanca... Era la clase de lugar que hacía que uno se sintiera Humprey Bogart: uno llegaba allí en un pequeño aeroplano y, por alguna razón misteriosa, conseguía un cuarto privado con un balcón con vista a la ciudad y al puerto; después, se sentaba allí y bebía hasta que algo sucedía. Sentí una tremenda distancia entre mi persona y todo lo que fuera real..." (Días de ron)

"Desde nuestra mesa alcanzábamos a ver la zona del puerto. Estaba repleta de toda clase de embarcaciones: cruceros poderosos y elegantes y modestas chalupas de los nativos llenas de bananas, amarradas junto a elegantes barcos de carrera de ocho metros de eslora procedentes de Newport y Bermudas. Más allá de las boyas que marcaban el canal había algunos yates grandes de motor que la gente aseguraba eran barcos en los que se jugaba por dinero. El sol bajaba lentamente detrás de una colina del otro lado del puerto y las luces comenzaban a encenderse en los edificios que daban al muelle. Desde alguna parte de la ciudad todavía se oía el ritmo frenético del baile que avanzaba por las calles". (Días de ron)



 Isak Dinesen: África 

"Los colores eran secos y quemados, como los colores en cerámica. Los árboles tenían un follaje luminoso y delicado...no crecían en arco ni en cúpula, sino en capas horizontales, y su forma daba a los altos árboles solitarios un parecido con las palmeras, o un aire romántico o heroico, como barcos aparejados con las velas cargadas, y los linderos del bosque tenían una extraña apariencia, como si el bosque entero vibrara ligeramente... Las panorámicas eran inmensamente vacías. Todo lo que se veía estaba hecho para la grandeza y la libertad, y poseía una inigualable nobleza... lo habitual era que el cielo tuviera un color azul pálido o violeta, con una profusión de nubes poderosas, ingrávidas, siempre cambiantes, encumbradas y flotantes... A mediodía el aire estaba vivo sobre la tierra, como una llama; centelleaba, se ondulaba y brillaba como agua fluyendo, reflejaba y duplicaba todos los objetos, creando una gran Fata Morgana. En las tierras altas te despertabas por la mañana y pensabas: “Estoy donde debo estar” (Memorias de Africa)
"Las colinas, vistas desde la granja, cambiaban de aspecto muchas veces durante el día, en ocasiones parecían muy cercanas y otras muy lejanas. Por la tarde, al oscurecer, parecía al principio como si en el cielo se hubiera dibujado una delgada línea plateada siguiendo la silueta de la montaña ensombrecida; luego, al caer la noche, los cuatro picos parecían planos y alisados, como si la montaña se hubiera extendido y estirado." (Memorias de Africa)

"Más tarde, cuando volé sobre sobre el África y me familiaricé con el aspecto que ofrecía mi granja desde el aire, empecé a admirar mi cafetal, que resplandecía de un verde brillante en medio del gris verdoso de las tierras que le rodeaban... Hay momentos de gran belleza en un cafetal. Cuando florecía la plantación, al principio de las lluvias, había una visión radiante, como una nube de tiza en la neblina y la llovizna, en seiscientos acres de tierra." (Memorias de África)
"En los safaris había visto una mana de búfalos, ciento veintinueve, que emergían de la niebla matinal bajo un cielo cobrizo, de uno en uno, como si aquellos oscuros y enormes animales, como de hierro, con sus poderosos cuernos que se balanceaban horizontalmente no se acercaran, sino que se fueran creando antes mis ojos y desaparecieran a medida que quedaban terminados. Vi a una manada de elefantes que viajaba por el espeso bosque nativo, donde la luz solar se derrama entre las espesas trepadoras formando manchitas y franjas y que caminaban pausadamente como si tuvieran una cita al fin del mundo. Muchas veces a través de las palmeras vi el paso de las jirafas con su curiosa e inimitable gracia vegetal, como si no fuera una manada de animales sino una familia de flores enormes, raras, de tallos largos y moteados, que avanzara lentamente. Y también había visto al león real, antes del alba, bajo la luna menguante, cuando cruza la pradera gris camino de casa después de la matanzas, y deja una oscura estela en la hierba plateadas, con el rostro todavía rojo hasta las orejas, o durante la siesta al mediodía, cuando reposaba satisfecho en medio de su familia sobre la hierba corta y a la delicada sombra primaveral de las anchas acacias de su parque africano" (Memorias de África)

"En la espesura aprendí a recelar de los movimientos bruscos. Las criaturas con quienes tratas son tímidas y vigilantes, saben esquivarte cuando menos lo esperas. Ningún animal doméstico es capaz de una quietud igual a la de un animal salvaje. Los cazadores no pueden hacer lo que quieran, deben mezclarse con el viento y con los colores del pasiaje y adaptarse al tempo de todo el conjunto" (Memorias de África)

"No es fácil llegar a conocer a los nativos. Eran rápidos de oído y evanescentes; si los asustabas en un segundo podían retirarse a su mundo, al igual que los animales salvajes desaparecen ante un brusco movimiento que tú hagas: simplemente ya no están ahí. Hasta que no conoces bien a un nativo es imposible conseguir una respuesta suya a derechas. Ante una pregunta directa de cuántas vacas tiene te responde evasivamente: “Tantas como le dije ayer”. (Memorias de África) 



Gilberta A. Caron:
Nueva York

“Manhattan sur y el puerto. Mediodía. Un cielo de estaño se desploma sobre los gigantes de vidrio, acero y hormigón. Como una descomunal maqueta lograda a la perfección, la metrópolis se hunde en un sueño fantástico. Lejos, la eterna sonámbula surge de la neblina y eleva su antorcha hacia lo alto. Más abajo, un ferry se desliza lento, como un pañuelo rojo abandonado sobre el Hudson. Cerca de la costa flota el aroma de marismas y el agua espumea sobre los tablones astillados. Sobre una caja de fruta abandonada sobre el muelle, las gaviotas picotean graciosas con mecanismo de reloj cucú…” (Desde Brooklyn)

"Una muchacha pasó a mi lado cruzando la quinta avenida y hubo un instante en que nuestras miradas se encontraron. Me observó de una manera que yo interpreté "Me alegro por ti, porque te ves feliz". En una esquina aspiré el aire tan fresco y me dije qué es la dicha sino son esos días en los que uno tiene esperanzas y deseos en el corazón. Aguardaba en la acera a que el semáforo cambiara y levanté la vista. "Si tuviese alas, volaría bien alto. Me posaría en la azotea de algunos de esos rascacielos”. Algo pasaba, de seguro. Algún golpe acertado sobre mi maquinaria que hacía que me llamara el futuro y no el pasado, lamiéndome la espalda y pidiéndome que gire la cabeza una vez más."(Desde Brooklyn)

“Atardecer en el Seaport. Muelle 17. Humo de remolcadores y cielos de pizarra. La luz dorada del ocaso resbala sobre una muralla de bancos detrás de la autopista: El National Westminster a rayas en bordeaux y gris como el estampado de un pijama, verde cristalino para el City Bank y un sombrerito oscuro para el Morgan. Barcos, remolcadores, ferryboats. Al atardecer las gaviotas empapan sus alas en la bruma y luego dibujan espirales hacia el sol. Mástiles y humo se esfuman en un cielo de crema azul batida. La luz se escapa y se encienden las brillantes colinas de una ciudad eléctrica. Sobre el agua vidriosa del East River, el viejo puente se engalana como una glorieta de luces y estira sus metálicos brazos uniendo el cemento caliente de Manhattan con las arboledas dormidas de los Brooklyn Heights…” (Desde Brooklyn)

“..Edificios como cohetes en sus plataformas a poco de ser lanzados al espacio. Edificios que se vuelven criaturas vivientes a fuerza de ser venerados una y otra vez por los ojos que los miran. Los rascacielos como símbolos cósmicos, fabulosos tótems de vidrio y acero fundido, figuras religiosas que acercan la ciudad hasta los dioses…” (Desde Brooklyn)

"De pronto vi algo que se movía sobre el agua del East River. Deseé que fuera un pez. "Sería divertido ver un pez aquí", me dije. Pero no: una botella de whisky vacía se mostró un segundo sobre la superficie, coleteó un par de veces con un movimiento pendular y luego desapareció tras una ola como si en un impulso humano se arrojara bajo ella. Mientras pensaba qué bien se estaba en esa soledad, en algún momento la sombra de un rascacielos se montó arriba del disco de la luna y caló su negra silueta en el amarillo igual que un dibujo acuñado sobre una moneda. "Soy libre para vagar por las calles de cualquier ciudad -me dije-. Pero estoy aquí. Porque ella está aquí."

"Debra bajó del taxi envuelta en un largo vestido y con el torso apretado por un saco de piel que la hacía verse como una muñeca japonesa…Mientras caminábamos apretaba con gracia su cuerpo junto al mío y recorrimos esas cuadras como una pareja más de las que ondulaban esa noche, bajo el parpadeo eléctrico de Times Square. Por encima de nuestras cabezas, nada era mudo y todo gritaba su nombre: "...Suntory Whisky, Budweiser, Panasonic, The Olive Garden Italian Restaurant, Samsung, Coke, Novotel...". La avenida se anunciaba desde torbellinos de carteles luminosos. Y más abajo, los mismos carteles, las mismas luces, reflejándose en los frentes de los comercios, las ventanillas de los autobuses, o en los cristales polarizados de una interminable y blanca limosina..." (Desde Brooklyn)



Robert James Waller:
Madison County, Iowa

"Cruzó praderas, vio tres alces, un zorro rojo y muchos ciervos. Se detuvo junto a un estanque y fotografió algunos reflejos de una rama de árbol deformada en el agua. Cuando terminó se sentó en el estribo de la camioneta a beber café y fumar un Camel, y a escuchar el viento en los abedules. Sería bueno tener a alguien, a una mujer, pensó mirando flotar el humo del cigarrillo sobre el agua. “Cuando uno envejece se pone así”. Pero no estando en casa durante tanto tiempo, sería duro para la que se quedaba atrás. Ya lo había aprendido". (Los puentes de Madison)

"No había ruidos. Un mirlo de alas rojas posado en un alambrado la miró.Una alondra gritó desde el pasto al costado del camino. Nada más se movía en el sol blanco de agosto. Robert se detuvo justo antes de llegar al puente. Se quedó un momento allí, luego se puso en cuclillas y miró a través de la cámara. Luego se paró en el puente y estudió las vigas y las planchas del piso, miró la corriente por un agujero que había a un costado. El sol era un martillazo al final de la tarde..." (Los puentes de Madison)

"El sol blanco se había puesto rojo sobre los campos de maíz. Por la ventana de la cocina se veía un halcón volando al impulso de las primeras rásfagas del anochecer. Por la radio transmitían el noticiero de las siete y un resumen del mercado. Y Francesca miraba por encima de la fórmica amarilla a Robert Kincaid, que había llegado de tan lejos a su cocina. Un largo camino que no se contaba solo en kilómetros". (Los puentes de Madison)

"Mientras seguían hablando el anochecer tomó un tono azul, con una ligera niebla sobre el pasto en la pradera. Robert abrió otras dos cervezas mientras el guiso de Francesca se cocinaba lentamente... La cerveza muy fría. La noche azul. Francesca Johnson tenía cuarenta y cinco años, y Hank Snow cantaba una canción por KMA, Shenandoah, Iowa" 
(Los puentes de Madison)
"Kincaid abrió la puerta del porsch del fondo y la sostuvo para que ella pasara, la siguió afuera y cerró la puerta con suavidad. Caminaron por el sendero agrietado, por el patio de grava y siguieron por el pasto al este del galpón de las máquinas. El galpón olía a grasa tibia. Cuando llegaron al cerco Francesca sostuvo el alambre de púa con una mano, y pasó por arriba sintiendo el rocío en los pies, alrededor de las angostas tiras de las sandalias. Robert ejecutó la misma maniobra, pasando cómodamente las botas sobre el alambre… Por el este ascendía una luna casi llena, que se había puesto azulada ahora que acababa de ocultarse el sol" 
(Los puentes de Madison)
"Estoy sentado aquí, recorriendo las zonas grises de mi mente en busca de cada detalle, cada momento que pasamos juntos. Me pregunto una y otra vez, “¿Qué pasó en Madison County, Iowa?" Y trato de armarlo todo... Miro a través de un lente, y estás tú en el otro extremo. Empiezo a escribir un artículo, y estoy escribiendo sobre ti. Ni siquiera sé muy bien cómo volví aquí desde Iowa. De alguna manera el viejo camión me trajo a casa, pero apenas recuerdo los kilómetros que recorrí...El camino es un lugar extraño. Por él andaba yo arrastrando los pies y allí estabas tú, caminando por el pasto hacia mi camión un día de agosto...De manera que aquí estoy...andando por ahí con otra persona dentro de mí. Aunque creo que lo expresé mejor el día que nos separamos, cuando dije que hay una tercera persona que hemos creado de nosotros dos. Y ahora me acecha ese otro ser". (Los puentes de Madison)



John Fante: Los Ángeles

"Subí a mi habitación por los polvorientos peldaños de Bunker Hill y pasé ante los edificios forrados de hollín que jalonaban aquella calle en sombras; la arena, el aceite y la grasa asfixiaban las palmeras inútiles, que se erguían cual prisioneros moribundos, encadenados a un mínimo pedazo de tierra y con los pies ocultos bajo el asfalto negro. Polvo y edificios viejos, viejos asomados a las ventanas, viejos que salían tambaleándose por las puertas, viejos que avanzaban con esfuerzo infinito por la calle en sombras…(Pregúntale al polvo)

..Seguí bajando la colina por Olive Street y pasé antes las horribles casas de madera que apestaban a crímenes…así llegué al cruce de Olive con Fifth street, donde los tranvías enormes destrozaban los oídos a causa del ruido que producían, donde el olor a gasolina hacia que las palmeras parecieran tristes y donde el asfalto negro seguía húmedo a causa de la niebla de la noche anterior...
…¡Dame algo tuyo, Los Ángeles! Ven a mí tal como yo voy hacia ti, con los pies en tus calles, ciudad preciosa a la que tanto amo, flor triste enterrada en la arena, ciudad preciosa." (Pregúntale al polvo) (1939)

"Me gustaba el olor a sentina de los viejos petroleros, el olor a petróleo de los barriles destinados a lugares remotos, el olor del crudo que tornaba el agua viscosa, amarilla y dorada, el olor de la madera podrida y los residuos del mar ennegrecidos por la grasa y el alquitrán, el de la fruta descompuesta, el de los pequeños barcos pesqueros japoneses, el de las barcazas de plátanos y maromas viejas, el de los remolcadores, el de la chatarra, y el misterioso olor del mar durante la marea baja..."(Camino de los Angeles) (1936) 

"Desde el vertedero de latas también veía el California Yacht Club. Al fondo destacaban las primeras ondulaciones verdes de los montes de Palos verdes. Era una escena digna de la Italia que había visto en los libros. En los mástiles de los yates flameaban gallardetes de colores. Más allá estaban los penachos blancos de las grandes olas que batían contra el malecón. En la cubierta de los yates había hombres y mujeres con indumentaria informal blanca. Gente de fábula. Pertenecían a la colonia del cine y a los círculos financieros de los Angeles. Eran riquísimos y aquellas embarcaciones eran sus juguetes. Cuando les apetecía dejaban el trabajo de la ciudad y bajaban al puerto a jugar con ellas..." (Camino de los Angeles- 1936)



Jorge Amado: Bahía 

"...La gran noche de paz de Bahía vino del muelle, envolvió a los saveiros, al fuerte, al rompeolas, se extendió por las laderas y las torres de las iglesias. Las campanas ya no tocan el Ave María, ya hace rato que pasaron las seis. Y el cielo está lleno de estrellas, aunque la luna no salió en esta noche clara. El depósito se destaca en la claridad del arenal que conserva las huellas de los pasos de los Capitanes de la arena, de los que ya están durmiendo. A lo lejos, la débil luz de la linterna del cafetín de marineros “Porta do Mar” parece agonizar..."(Capitanes de la arena)

"Mientras sube la ladera de la montaña, Pedro Bala piensa que no hay nada mejor en el mundo que andar así, al azar, por las calles de Bahía. Algunas están asfaltadas, pero la mayoría son empedradas con piedras negras. Las muchachas se asoman a las ventanas de los viejos caserones y nadie puede saber si es una costurera que románticamente espera encontrar un novio rico o si es una prostituta que se asoma desde un antiquísimo balcón adornado solo con flores. En las iglesias entran mujeres de velos negros. El sol golpea en las piedras o en el asfalto e ilumina los tejados de las casas..." (Capitanes de la arena) 

"Se extiende el misterio sobre la ciudad como el aceite. Pringoso, cualquiera lo nota. ¿De dónde viene? Nadie lo sabe con exactitud. Debe venir del latido de los candombles en las noches de macumba. Del encanto de los panaderos y los lecheros que callejean por las mañanas. De las velas de los saveiros en el muelle del Mercado. De las incontables iglesias, de los azulejos, de las casas, de los negros risueños, de los pobres vestidos de colores. ¿De dónde viene ese misterio que envuelve la ciudad de Bahía? La han llamado "Roma negra". "Madre de las ciudades de Brasil", es portuguesa y africana, llena de historias, legendaria, maternal y valerosa. En ella, el complejo de Edipo se hace objetivo, como en la leyenda de Yemanjá, la diosa negra de los mares. Los bahianos la aman como se ama a una madre y a una amante, con una ternura filial y sensual...No hay ciudad como esta por más que se busque por los caminos del mundo entero. Ninguna posee sus historias, su atractivo, su lirismo, su honda poesía." (Bahía de todos los santos)



Julio Cortázar: París 

"¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y oliva que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua.Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico." (Rayuela)

"Sacan las peceras, los grandes bocales a la calle, y entre turistas y niños ansiosos y señoras que coleccionan variedades exóticas (550 fr. pièce) están las peceras bajo el sol con sus cubos, sus esferas de agua que el sol mezcla con el aire, y los pájaros rosa y negro giran danzando dulcemente en una pequeña porción de aire, lentos pájaros fríos. Los mirábamos, jugando a acercar los ojos al vidrio, pegando la nariz, encolerizando a las viejas vendedoras armadas de redes de cazar mariposas acuáticas, y comprendíamos cada vez peor lo que es un pez, por ese camino de no comprender nos íbamos acercando a ellos que no se comprenden, franqueábamos las peceras y estábamos tan cerca como nuestra amiga, la vendedora de la segunda tienda viniendo del Pont-Neuf, que te dijo: «El agua fría los mata, es triste el agua fría ...» Y yo pensaba en la mucama del hotel que me daba consejos sobre un helecho: «No lo riegue, ponga un plato con agua debajo de la maceta, entonces cuando él quiere beber, bebe, y cuando no quiere no bebe...» Y pensábamos en esa cosa increíble que habíamos leído, que un pez solo en su pecera se entristece y entonces basta ponerle un espejo y el pez vuelve a estar contento...(Rayuela)

"Mi mito de París actuó en mi favor... Me hizo escribir un libro, Rayuela, que es un poco la puesta en acción de una ciudad vista de manera mítica. Toda la primera parte que sucede en París es la visión de un latinoamericano, un poco perdido en sus sueños, que se pasea en una ciudad que es una inmensa metáfora...Uno cree conocer París, pero no hay tal; hay rincones, calles que uno podría explorar el día entero, y más aún de noche. Es una ciudad fascinante; no es la única... Pero París es como un corazón que late todo el tiempo; no es el lugar donde vivo; es otra cosa. Estoy instalado en este lugar donde existe una especie de ósmosis, un contacto vivo biológico. Yo digo que París es una mujer; y es un poco la mujer de mi vida..."



Mujica Láinez: 
Yavi (Jujuy)

Yavi no se apiña sino se desparrama. Sus callejas suben y bajan en torno a su campanario. Tapias terrosas, casucas terrosas, enmarcan el paso de la majada de cabras, de los burros cargados de leña. De día la tumba el calor pero refresca de noche, y entonces, se encienden sobre su paz las estrellas más deslumbrantes del mundo. Pero no siempre reina ni reinó la paz en el lugar ermitaño. La historia puebla a Yavi con rumores de armas. Entre 1810 y 1817 sacudieron su suelo ocho combates. Ahora en Navidad, en Semana Santa , en Carnaval, Yavi se sacude y participa de las fiestas de la Puna, con harto consumo de chicha y estruendo de cajas. Como nada de eso he presenciado, para mí Yavi tiene el prestigio del sosiego inalterable... comprendo que arraiga los que tienen hambre de estar consigo mismos y que el trajín cosmopolita angustia.



Roberto Arlt: Buenos Aires

"A las dos de la madrugada, aún andaba Erdosain entre murallas de viento, por las calles del centro, en busca de un lenocinio.
Un rumor sordo jadeaba en sus orejas, mas siguiendo el frenesí del instinto caminaba a la sombra que las altas fachadas arrojaban hasta el afirmado. En ese momento no tenía rumbos.
Sonámbulo, marchaba, con los ojos inmóviles en las flechas niqueladas que en los cascos de los vigilantes hacían relucir en las bocacalles los cilindros de luz que caían de los arcos voltaicos... Un impulso extraordinario arrojaba su cuerpo a largos pasos... Así venía Plaza de Mayo, y ahora, por Cangallo, dejaba atrás la estación del Once" (Los siete locos)

"Un trozo de andén de la estación de Temperley estaba débilmente iluminado por la luz que salía de una puerta de la oficina de los telegrafistas. Erdosain sentóse en un banco junto a las palancas para los cambios de vías, en la oscuridad. Tenía frío y tal vez fiebre. Además experimentaba la impresión de que la idea criminosa era una continuidad de su cuerpo, como el hombre de tiniebla que pudiera arrojar en la luz. Un disco rojo brillaba al extremo del brazo invisible del semáforo: más allá otros círculos rojos y verdes estaban clavados en la oscuridad, y la curva del riel galvanoplastiado de esas luces sumergía en las tinieblas su redondez azulenca o carminosa. A veces la luz roja o verde, descendía. Luego todo permanecía quieto, dejando de rechinar las cadenas en las roldanas y cesando el roce de los alambres en las piedras" (Los siete locos)

"Al día siguiente, Erdosain caminando por las veredas de Temperley,observaba asombrado que hacía mucho tiempo que no gozaba de una emoción de sosiego semejante. Caminaba despacio. Aquellos túneles vegetales le daban la sensación de un trabajo titánico y disforme. Miraba deleitado los senderos de grano rojo en los parques, que avanzaban sus láminas escarlatas hasta los prados, manteles verdes esmaltados de flores violáceas, amarillas y rojas. Y si levantaba los ojos se encontraba con aguanosos pozales en el cenit, que le producían un vértigo de caída, pues de pronto el cielo desaparecía en sus pupilas y le dejaba en los ojos una negrura de ceguera, aclarándose el pensamiento en un furtivo mariposeo de átomos de plata, que a su vez se evaporaban, transformándose en terribles azulencos ásperos y secos, ahora en lo alto, como cavernas de azul metileno. Y el placer que la mañana suscitaba en él, el goce nuevo, soldaba los trozos de su personalidad, rota por los anteriores sufrimientos del desastre, y sentía que su cuerpo estaba ágil para toda aventura... por las calles oblicuas, bajo los conos de sol, avanzaba sintiendo la potencia de su personalidad flamante..." (Los siete locos)

Dejen sus comentarios que son muy bienvenidos!(Importante: insistan con el click de la barra de publicar un comentario hasta que aparezca esto: your comment will be visible after approval. Gracias!! Gigi:)